2019. España. Bilbao. Lunes. 7:30. Suena el despertador y tras un par de minutos escuchando la misma melodía monótona, Ana se levanta, ducha, desayuna y va a su trabajo de administrativa en una aseguradora.

Cuando llega a la oficina, su compañero de mesa le dice, algo alterado, que han citado a todo su departamento a una reunión con la supervisora en 20 minutos.                                              

Ana nota una sensación en el estómago. De repente, es consciente de una parte de su cuerpo que hasta ese momento era “invisible” para su conciencia.

Se sienta en su puesto a esperar. Piensa que esa sensación es porque le ha generado cierta ansiedad la reunión inesperada. Recuerda que la última vez que hubo una reunión parecida, anunciaron un ajuste de plantilla.

Piensa también que la semana anterior terminaron una campaña con bastantes buenos resultados. Decide recrear ese momento pues se siente orgullosa y satisfecha de su trabajo, disminuyendo la ansiedad y sintiéndose más calmada para ir a la reunión.

Ana observa como su compañero, sentado frente a ella, no para de negar con la cabeza mientras frunce el ceño. De repente, su compañero se levanta bruscamente y dice enfadado “así valoran nuestro esfuerzo aquí, una palmadita y a la calle…me voy a tomar mi último café a la salud de esta %%empresa” mientras se va hacia la máquina de bebidas.

1990. EEUU. Universidad de Yale. Peter Salovey y John Mayer, psicólogos, basándose en los datos de sus investigaciones, y de otras dentro del campo de la emoción, la inteligencia, la psicoterapia y la neurología hipotetizan que hay personas que tienen un mejor manejo de situaciones donde intervienen las emociones.

Concluyen que esa habilidad que observan, en mayor o menor grado en las personas, corresponde a un tipo de inteligencia y la llaman inteligencia emocional.

En su «famoso» artículo de 1990, aparece por primera vez el concepto de inteligencia emocional tal y como lo entendemos actualmente.

Una definición de inteligencia emocional dada por estos autores es:

“La habilidad para percibir y expresar las emociones, asimilar las emociones en el pensamiento, comprender y razonar a través de las emociones y regular las emociones en uno mismo y en los demás”

Mayer y Salovey, 1997

Imagino que ya sabes quién, de los dos personajes de nuestra historia inicial, ha manejado de manera más inteligente, emocionalmente hablando, la situación de la reunión. (Pista: se ha levantado a las 7:32).

Por supuesto, la inteligencia emocional, como cualquier otra inteligencia (habilidad mental), es una característica del ser humano como especie y por tanto es bastante anterior a 1990.

Pero Salovey y Mayer hipotetizan que esa habilidad observada es un tipo de inteligencia, y se dedican a estudiarla, analizando sus componentes y distinguiéndola de otros conceptos.

Tradicionalmente, la inteligencia(razón) y la emoción han estado separadas, considerando a esta última como un estorbo o una mala influencia para la primera.

Sin embargo, las emociones nos dan información sobre nosotros y nuestras relaciones, y por tanto la inteligencia puede trabajar con ella.

Por ejemplo, la envidia nos puede señalar nuestro deseo de tener algo que posee otro, o la alegría al encontrarme a un amigo puede indicar lo mucho que aprecio y valoro la compañía de esa persona, mientras que el enfado del compañero de Ana puede indicar que siente injustamente valorado su trabajo.

La habilidad para reconocer los significados de esos patrones emocionales y para razonar y resolver problemas en función de éstos, formaría parte de la inteligencia emocional (Mayer y Salovey, 1997; Salovey y Mayer, 1990).

El modelo de Inteligencia emocional de Salovey y Mayer se conoce como el Modelo de las Cuatro Ramas (1997). Dentro de cada una de estas 4 ramas o áreas hay una serie de habilidades específicas. Por esto, también se conoce como un modelo de habilidad.

Veamos cómo aplicar las cuatro ramas del modelo que nos proponen:

# RAMA 1. IDENTIFICACIÓN, percepción y expresión emocional:

  • Habilidad para identificar las emociones en las condiciones físicas y en los estados psicológicos de uno mismo.
  • Habilidad para identificar las emociones en los demás.
  • Habilidad para expresar emociones con precisión y formular las necesidades vinculadas a aquéllas.
  • Habilidad para discriminar entre sentimientos reales/sinceros e irreales/ficticios.

Ana percibe su sensación física en el estómago y la traduce como nerviosismo. Igualmente, percibe la conducta no verbal de su compañero (negación con la cabeza, tensión corporal) y ve en su rostro el ceño fruncido. Aun no conociendo mucho a su compañero, piensa que está preocupado y/o enfadado.

¿Qué habilidades acaba de usar Ana?

# RAMA 2. FACILITACIÓN. Utilizar las emociones para facilitar el pensamiento o para dirigir la atención:

  • Habilidad para redirigir y priorizar el pensamiento en función de sentimientos asociados.
  • Habilidad para generar emociones con el fin de facilitar el juicio y la memoria.
  • Habilidad para aprovechar los cambios de humor con el fin de apreciar múltiples puntos de vista.
  • Habilidad para utilizar estados emocionales con el fin de facilitar la resolución de problemas y la creatividad.

Entrar a la reunión, con las emociones que te genera tener en mente la última y reciente exitosa campaña, no te va a proteger si te van a despedir, pero desde luego te dará ventaja para poder argumentar con mayor claridad y acierto.

No estoy diciendo que el enfado no sirva en determinadas situaciones, sino que hay que ajustar la intensidad a la situación para que no juegue en tu contra, como podría ser en este caso, donde un enfado elevado puede nublar tu razonamiento y situarte en una peor posición negociadora.

 # RAMA 3. COMPRENSIÓN y razonamiento emocional:

  • Habilidad para captar relaciones entre diversas emociones.
  • Habilidad para percibir las causas y las consecuencias de emociones.
  • Habilidad para entender sentimientos complejos, combinaciones emocionales y estados anímicos contradictorios.
  • Habilidad para entender transiciones entre emociones.

Ana es capaz de ponerle un nombre a la emoción y comprende cómo la noticia de la reunión ha traído el recuerdo del ERE y el miedo a otro. Entiende que es normal, pero sabe que seguir recordando o anticipando esa situación solo aumentará su ansiedad.

# RAMA 4. REGULACIÓN y manejo emocional:

  • Habilidad para permanecer abierto a sentimientos, tanto agradables como desagradables.
  • Habilidad para monitorizar y reflexionar sobre emociones.
  • Habilidad para conectar, prolongar o desvincularse de un estado emocional.
  • Habilidad para manejar las emociones de los demás.

Ana no juzga su emoción inicial de ansiedad. Una vez identificada, comprendida y sabiendo que una ansiedad elevada es contraproducente para entrar a la reunión, pone en marcha estrategias para reducirla e intentar generarse otras emociones más adaptativas (calma, seguridad).

¿Qué habilidades acaba de usar Ana? ¿Te parece que le han resultado eficaces?

¿Y Goleman?, te estarás preguntando…

Daniel Goleman. Inteligencia Emocional
Daniel Goleman.

En 1995, Daniel Goleman, psicólogo y periodista de divulgación científica del New York Times, publicó su famoso libro Inteligencia Emocional.

Se convirtió rápidamente en un best seller, vendiendo millones de ejemplares.

A ese éxito de ventas, contribuyó sin duda la idea de que la IE podía ser bastante más importante que el Cociente Intelectual (estimación en torno al 20%) a la hora de alcanzar el éxito en la vida.

Esta idea, que no contaba con respaldo empírico, fascinó al gran público. El mismo autor años más tarde(2005) explicaba que no se entendió bien la propuesta y que la IE no suponía un 80% del éxito profesional y personal.

En el libro, Goleman recogía el modelo de Salovey y Mayer, además de multitud de datos de investigaciones en el campo de la emoción, neurología, educación y psicología, además de aportar su visión sobre la estructura de la IE.

La versión de Goleman de la IE se engloba dentro de los modelos que se conocen como mixtos. Mixtos porque, además de alguna de las habilidades de la IE descritas por Salovey y Mayer, añaden rasgos de personalidad, estados anímicos o competencias sociales.

Modelo de inteligencia emocional, Daniel Goleman, 1995.

Por esa amplitud y poca precisión conceptual muchos no lo reconocen como una teoría científica de la inteligencia emocional.

En definitiva, su modelo sería más “un conjunto descriptivo de datos sobre la posibilidad de conseguir el éxito personal y profesional a través de la mejora de nuestro potencial emocional y social”

(Pablo Fernández Berrocal, 2018).

Su modelo ha evolucionado para adaptarse al mundo empresarial y de las organizaciones, recogiendo las competencias emocionales en cuatro grupos.

Modelo Inteligencia Emocional. Boyatzis, Goleman y Rhee, 2002.

Conclusión

Cada vez hay más consenso en conceptualizar la inteligencia emocional como la capacidad de razonar sobre las emociones y la información que nos dan, y razonar con ellas para mejorar el pensamiento.

Los datos de la investigación actual avalan que los modelos de habilidad mental de inteligencia emocional cumplen empíricamente los criterios para considerarla una inteligencia estándar, mientras que los modelos mixtos tendrían más cabida dentro del campo de la psicología de la personalidad. (Mayer, Salovey, Caruso, Cherkasskiy, 2015)

Como pasa con cualquier otra inteligencia, todos tenemos un determinado nivel. Si tienes curiosidad por conocer el tuyo, puedes desargarte nuestro ebook gratis.

Se ha comprobado cómo a medida que cumplimos años hay una tendencia de mejora en nuestro nivel absoluto de inteligencia emocional, hasta mediada la edad adulta.

Piensa que a diario tienes decenas de interacciones personales, impregnadas emocionalmente, que te pueden aportar un aprendizaje muy valioso. Si a esta experiencia personal le añades el conocimiento que autores como los mencionados van aportando, estoy seguro de que en la próxima reunión imprevista que tengas, sea laboral o no, tu respuesta será más inteligente emocional.

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BIBLIOGRAFÍA

Berrocal, P. F. (2018). Inteligencia emocional. Aprender a gestionar las emociones. EMSE EDAPP, SL.

Goleman, D. (1996). Inteligencia Emocional. Editorial Kairós.

Salovey, P. y Mayer, J. D. (1990). Emotional intelligence. Imagination, Cognition, and Personality, 9, 185-211. Consúltalo aquí.